Existe una verdad innegable: El agua es el epicentro de la vida y si no se la cuida no habrá un futuro.
El recurso hídrico más allá de un elemento natural se ha constituido en si mismo en un derecho que está costando mucho ser conciliado con gran parte de la población, pues datos de Naciones Unidas y el Banco Mundial revelan que todavía hay alrededor de 2.000 millones de personas en todo el mundo sin acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura. Entre ellos, 771 millones de personas no pueden acceder ni siquiera a servicios básicos de agua potable; ante tal realidad es importante trabajar en la generación conciencia en los consumidores con respecto al uso que le dan al líquido elemento.
Las organizaciones de la sociedad civil han empezado a manifestarse exigiendo a los gobiernos que rindan cuentas e inviertan en investigación y desarrollo en torno al agua, pero también han puesto en relevancia la necesidad de crear conciencia en la población a través de campañas en días clave como el Día Mundial del Agua o el Día del Retrete o acciones similares.
Concienciar y castigar
El Tracker de Marketing llevado a cabo por Ipsos CIESMORI en febrero pasado, revela que los bolivianos consideran que las campañas de sensibilización y educación son las medidas más efectivas para promover el cuidado del agua (36%), seguidas de cerca por las restricciones y sanciones por el uso excesivo (30 %). Estos datos resaltan la importancia de la concienciación pública y las medidas punitivas para regular el consumo de este recurso vital.
En el primer grupo, destacan Santa Cruz (40%) y la población femenina (40%) del eje del país, por su alta valoración de las campañas de sensibilización; mientras que aquellos que priorizan las restricciones y sanciones son representados claramente por los hombres (35%).
En caso de Bolivia, es importante destacar que en determinas épocas, como la de Carnaval, los gobiernos municipales promulgan leyes centradas en sanciones severas por el uso irresponsable o derroche del líquido elemento.
Inversión en infraestructura: un desafío
Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se pueden generar al menos 3.6 millones de empleos verdes y sus respectivos ingresos familiares a partir del impulso de la inversión en infraestructura hídrica, es decir, mejorando la cobertura de agua y saneamiento mediante un impulso público y privado. Esto ayudaría no sólo a recuperar la economía de los países, sino también a ser más resilientes ante el cambio climático y otras amenazas sanitarias.
Si bien la inversión en infraestructura podría representar algo por demás positivo al momento de hablar del recurso agua, no se puede evitar casi afirmar que la inversión en infraestructura para mejorar la eficiencia hídrica es considerada como la menos efectiva por los bolivianos (16%), especialmente en El Alto (9%). Este dato sugiere la necesidad de revisar y fortalecer las estrategias de inversión en este ámbito.
Finalmente, y manera de cierre, podemos decir que los datos recopilados por Ipsos CIESMORI subrayan la importancia de adaptar las estrategias de gestión del agua a las necesidades y preferencias de cada región y grupo demográfico. Asimismo, permite recomendar:
♦ Fortalecer las campañas de sensibilización y educación, especialmente entre los hombres y en las regiones donde son menos valoradas.
♦ Implementar sistemas de sanciones justas y transparentes para el uso excesivo del agua.
♦ Reevaluar y mejorar las estrategias de inversión en infraestructura hídrica, priorizando las regiones con menor percepción de efectividad.
♦ Promover la participación ciudadana en la gestión del agua, involucrando a mujeres, jóvenes y adultos mayores.
Al implementar estas recomendaciones, Bolivia puede avanzar hacia una gestión más sostenible del agua, contribuyendo al logro del ODS 6 y garantizando el acceso a este recurso vital para las generaciones presentes y futuras.