El mundo se ha visto sacudido por una variedad de crisis (tensiones geopolíticas, inestabilidad social y económica, pandemia, etc.) que han alterado varios ámbitos de este, entre ellos el laboral.
Según datos de Naciones Unidas, para el 2030 se necesitarán 600 millones de empleos para cubrir la creciente fuerza laboral mundial, lo que hace que el desarrollo de emprendimientos se posicione como una salida o nueva vía para seguir adelante y hacer frente a las crisis.
Entonces, ante esa realidad de rupturas y crisis, lo ideal sería impulsar los emprendimientos, pero también cuestionarnos de dónde surge la necesidad de emprender y por qué en algunos casos esas ideas no ven la luz y mueren antes de materializarse.
En el contexto nacional, el 80% de los entrevistados por el Monitor de Opinión Pública de Ipsos CIESMORI dijo que se está planteando la idea de emprender, siendo en este caso, El Alto (87%) la ciudad que más destaca, a diferencia de Cochabamba (73%), que no se identifican tanto con la idea de emprender con un negocio propio. Santa Cruz (80%) y La Paz (77%) ocupan el segundo y tercer lugar en intención de emprender.
Respecto a lo que sucede con la población alteña y su espíritu emprendedor, podría deberse al hecho de que su perfil productivo se caracteriza por una alta terciarización; según el Informe Productivo del Municipio de El Alto realizado por la Dirección General de Análisis Productivo – DAPRO perteneciente al Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, “el valor de la producción para 2016 se concentra en más del 75% en los sectores de servicios, mientras que las actividades de industria, manufactura y artesanía aportan con el 16% y las actividades primarias principalmente de la agricultura no alcanza el 1%”.
En lo que refiere a la edad, son los jóvenes entre los 18 y 40 años (85%) los que más se plantearon la idea de emprender con un negocio propio en comparación con aquellos cuya edad va de los 41 años en adelante (72%). La postura de los de menor edad se originaría en la realidad mundial que reflejan los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que preveía que para la pasada gestión se registrarían 73 millones de jóvenes desempleados en todo el mundo y en América Latina, el índice de desempleo juvenil era muy elevado, llegando a alcanzar el 20,5%.
Todo esto lleva a pensar y casi aseverar que la única vía para salir adelante es el emprender con un negocio propio, lo que también repercute de forma positiva en la economía de las naciones.
El impulso para emprender
La Encuesta Continua de Empleo (ECE) destaca que, al primer trimestre de 2023 en el área urbana de Bolivia, la Población Económicamente Activa (PEA) llegó a 4 millones 596 mil personas, lo que significa una variación positiva de 1,1% con relación a similar período de 2022.
Si bien este último dato trata de reflejar un panorama un tanto más positivo, aún la población boliviana ve con desconfianza la estabilidad del mercado laboral y por eso apuesta por el emprendimiento. 49% de los consultados por el MOP de Ipsos CIESMORI declaró que desea emprender con un negocio propio por la falta de oportunidades laborales, siendo esta la principal razón. También existen otros motivos: tener independencia económica (37%), tener diferentes fuentes de ingresos (30%), libertad para elegir el horario laboral (21%) y el hecho de que consideran que se gana más con un negocio propio que con un salario fijo (20%).
Asimismo, el deseo de contar con un negocio propio más que con un salario fijo despierta el espíritu emprendedor en los bolivianos, sobre todo en los cruceños (25%), quienes, a diferencia de los paceños (12%), se inclinan en mayor grado por ser propietarios de un negocio e ir más allá de una remuneración permanentemente homogénea. Esta posición por parte de los habitantes de Santa Cruz podría deberse a que en este departamento existe un ecosistema emprendedor más desarrollado, entendiéndose a éste como “la complejidad y diversidad de actores, roles y factores ambientales que interactúan para determinar el desempeño empresarial de una región o localidad”, que se evidencia con el incremento de la presencia de emprendedores medianos y pequeños en ferias como Expocruz, que tradicionalmente era sólo de empresas grandes, pero hace más de 2 años tiene pabellones para emprendimientos nuevos.
Otro motivo para emprender es el tener diferentes fuentes de ingresos, más en el caso de los varones (34%) que las mujeres (27%) y esto podría deberse a que todavía la tasa de participación de la mujer en la población activa es del 63%, mientras que la de los hombres es del 94%, esto según la ONU; lo que llevaría a deducir que ellos podrían contar con un capital de arranque proveniente de su fuente de ingresos primaria y un mayor conocimiento del mercado emprendedor; aunque también existe la posibilidad de que los hombres en la mayor parte de los casos, a diferencia de las mujeres, una vez que concluye su jornada laboral, no tienen la obligación de ocuparse de los quehaceres del hogar.
Todas las personas tienen el potencial de emprender a partir de sus habilidades o bosquejar una idea emprendedora, pero dependerá de las motivaciones que ese emprendimiento vea o no la luz.
Mejor no hacerlo
Para construir un emprendimiento exitoso, el emprendedor debe contar no sólo con las capacidades o habilidades necesarias que le permitan hacer realidad su o sus ideas, sino también debe tener un motivo que lo impulse, además de un estudio de mercado para tener mayor certeza sobre el terreno que se pisa, caso contrario podría fracasar. Lo que da pie a preguntar cuáles son las razones que llevan a una persona a decidirse por no emprender con un negocio propio.
En el mundo de los negocios, el no contar con un capital o financiamiento puede ser un gran impedimento para que un emprendimiento despegue o crezca. Datos de Naciones Unidas revelan que el acceso a la financiación es desproporcionadamente difícil para las empresas más pequeñas en los países menos adelantados (PMA), puesto que el 41% de las pequeñas y medianas empresas de estos países señalan que el acceso a la financiación es un grave obstáculo para su crecimiento y desarrollo; en ese ámbito no queda más que afirmar que estas cifras también reflejan la realidad boliviana.
68% de los que participaron del Monitor de Opinión Pública considera que la falta de capital o financiamiento es la principal razón por la que no emprenden con un negocio propio, más en el caso de la población joven (18 a 40 años), que en un 79% se identifica con esa posición, mientras que aquellos que sobrepasan los 41 años (60%) también se sienten afectados por ese tema, aunque no en el mismo grado. Sobre el punto, es necesario destacar que, desde el punto de vista de la ONU, el porcentaje y el número total de empresas fundadas por mujeres y jóvenes va en aumento en todo el mundo, sin embargo, se enfrentan a un limitado acceso a un financiamiento asequible, apoyo para el desarrollo de capacidades, redes de alianzas y mercados globales; por lo que es necesario que se les brinde ayuda para superar los numerosos impedimentos que con frecuencia frenan el crecimiento de sus negocios.
Continuando con las razones para no emprender, es necesario puntualizar que nuevamente existe una diferencia de posturas entre generaciones, pues en esta oportunidad son la generación X y los baby boomers (17%) son los que deciden no tener un negocio propio porque ya cuentan con un salario o sueldo fijo. El informe Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo – Tendencias 2023 de la OIT pone en evidencia que los jóvenes (de 15 a 24 años) encuentran graves dificultades para conseguir un empleo decente; su tasa de desempleo es tres veces superior a la de los adultos (mayores de 25 años). Más de uno de cada cinco jóvenes (el 23,5 por ciento) ni trabajan, ni estudian, ni reciben formación (ninis) y por tanto no tienen acceso a un salario, lo que los impulsa a emprender.
Estamos en un momento en el que las economías de los países no están del todo estables y esto afecta al mercado laboral formal, por lo que emprender con un negocio propio es la mejor opción que tienen muchos bolivianos; ante ese panorama, lo ideal sería trabajar en planes y programas que los impulsen, ya sea desde normativas favorables, hasta la mejora de la accesibilidad a créditos y financiamientos.